domingo 7 de noviembre de 2010
Las tradiciones
En estos días se viene discutiendo a propósito de la posibilidad de modificar el orden de los apellidos, que sea primero el del padre o el de la madre según acuerden los padres, y que si no hubiera acuerdo, cosa extremadamente rara aunque no imposible, que no sea imperativa la prevalencia del apellido paterno sino el orden alfabético. Es un criterio. Que sea el paterno no es un criterio, sino una superioridad. Debemos aceptar que cada uno piense como quiera. Incluso que se apele a la tradición. Pero la tradición es, en muchas ocasiones, algo a proteger, y en otras a cambiar.-
Sr. Presidente, en tiempos de crisis, las discusiones sobre el chocolate del loro son profundamente irritantes.
Perder el tiempo discerniendo si una convención burocrática sobre los apellidos es igualitaria o no… es, sencillamente, incomprensible… con lo que está cayendo.
Se tendría que haber nacionalizado las 30 cajas de ahorro en quiebra (al modo sueco)… para evitar el colapso del crédito.
Y se tendría que haber volado a la cúpula de ETA , en Francia o en cualquier otra parte, para evitar muertes de inocentes.
Los apellidos… se pueden dejar dónde se encuentran, que de momento, no embargan pisos.
Un saludo a todos.
Sr. Presidente: Un amigo, hace tres meses, de paso por Bilbao, se quedó sobrecogido por un hecho casual. En el paseo, a la tarde, con la calle llena de gente, se produjo un revuelo. Pasaba una persona rodeada por sus escoltas, entre la indiferencia de todo el mundo; el mismo miedo larvado que en la época de la represión franquista. La vasca es una sociedad franquista.
Cuando se democratice, acabará el terrorismo. ¿Cómo empezó?
La generación que hizo la guerra se negó a transmitir el odio a sus hijos. Una convicción sentida y acatada por todos. No se contó a los niños las barbaridades de la guerra y de la posguerra. Excepto en el País Vasco. Yo jugaba con hijos de oficiales del ejército y con hijos de “paseados”. Jamás nadie nos incitó a unos contra otros. Ese comportamiento ético, especialmente en la clase trabajadora (de arrinconar el odio), permitió alcanzar la democracia (como en Portugal, como en Polonia).
En Chechenia pasó algo parecido, pero sin final feliz. Un general soviético checheno le preguntó a su madre por que no le habían contado nada de sus padecimientos bajo Stalin. Ella le contestó que fue para salvarlos de la policía y del odio (no recuerdo la frase exacta). Estos generales se dedicaron al bandidaje, después, porque se sintieron legitimados por el sufrimiento de sus padres. Y porque la ocasión para enriquecerse era demasiado seductora. Ya no eran pobres campesinos, eran fuertes, generales...
En el País Vasco la miseria moral de las élites se impuso desde el principio. La clase media vasca no solo trasmitió el odio a sus hijos, sino que aplaudió el crimen. Inevitablemente, estos también se consideraron con derecho a matar y extorsionar, para vengar la simbólica afrenta a los suyos.
La coartada moral fue el odio a los españoles, culpables de todo. La realidad fue que el PNV se pasó a Franco, le entregó las fábricas de armamento intactas, y sus batallones atacaron a los batallones socialistas y anarquistas. Pero la traición no les sirvió de nada. Obviamente, tuvieron que inventarse una historia en la que aparecieran como sufridores, y no como traidores. Y sus hijos se lo creyeron, claro. Y los maketos recitaron esa historia por la necesidad de integración que sienten los miembros de la 2ª generación de inmigrantes.
"¿Te preguntas, viajero, por qué hemos muerto jóvenes. Y por qué hemos matado tan estúpidamente? Nuestros padres mintieron: eso es todo" Jon Juarista.
Si unos criminales vascos no hubiesen matado a Carrero Blanco, nos hubiésemos quitado el franquismo de encima cuando los generales franquistas se dieran cuenta que los capitanes no les permitirían dar un golpe de estado (ya en el 23-F hubo capitanes que se hubiesen enfrentado a tiros con los golpistas). El odio de los terroristas de ETA impidió que el pueblo español, sin odio, derribara el fascismo democratizando todas las instituciones.
Cuando la sociedad vasca no tenga miedo, acabará el terrorismo. Pronto.