martes 14 de septiembre de 2010
Transparencia
En el discurso institucional del Día de Extremadura reflexioné sobre las relaciones entre la política y la ciudadanía. Lo hice sobre la base de las últimas encuestas del CIS que sitúan a la política y a los políticos como una de las principales preocupaciones de los ciudadanos. Frente a eso caben varias reacciones. Negarlo, y es un error negar la evidencia. Culpar a los mensajeros, y es otro error. O reconocer el problema y tomar medidas.Es imprescindible que cualquier ciudadano pueda saber a quien se le adjudican los contratos y la cuantía de los mismos. A más transparencia, mayor confianza. Y lo vamos a aprobar en una Ley, para que sea de obligado cumplimiento y de difícil marcha atrás.
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Sr. Presidente, no es una cuestión de tranparencia... ¡es de confianza!
Ya no confiamos en las élites de la transición, las del tándem político-banquero, las del ladrillo.
La tranparencia... bien... Obama en eso es un campeón (ver ejemplos) ... pero ¿de qué le sirve mientras no confíen en él la enorme masa de ciudadanos en paro?
Es imprescindible, y sola es insuficiente. Tiene que ser un medio para que no nos sigan arruinando los del tándem.
Y sólo hay uno... quitarles la llave de (todos) los presupuestos públicos.
Elaborándolos mediante el voto directo de los ciudadanos (ver aquí) . También los de la Obra Social de las Cajas de Ahorros.
Y puestos... ¿por qué limitarse a la elaboración y control de las cuentas? ¿Por qué no pasar a la elaboración participativa de las estrategias comerciales o industriales? ¿Por qué no pasar a la innovación participativa?
Los campesinos de un valle son quiénes mejor conocen sus problemas, ¿por qué no hacer un concurso de ideas para ese valle? Elegirían las más viables para sus recursos, y las pondrían en práctica con asesoramiento (y financiación) autonómica.
Los pequeños comerciantes de las ciudades escogerían las ideas más apropiadas para su caso.
Si el dinero va a las ideas que quiere la gente... y no al ladrillo, volveríamos a confiar... en nosotros mismos. De lo que se trata.
Un saludo a todos.
Sr. Presidente, ¿incumplimiento de promesas electorales? ¿Y si es lo razonable? Incumplirlas...
Las centrales nucleares explotan. No suelen hacerlo, pero ¿Y si lo hacen...? Por si las moscas, cerrarlas... se prometió en tiempos de bonanza. Y sustituirlas por energías menos explosivas.
La bonanza burbujeante permitía hacer las dos cosas a la vez.
Ya no se puede.
Seguir con Garoña daría unos beneficios de +/- 50.000 millones de euros. Pongamos que 20.000 (ver aquí).
Si una parte importante de ese capital se destinase a la investigación de la energia solar, y no a los bolsillos de los accionistas, la lógica subyacente a la promesa del cierre (potenciar las renovables), llevaría a mantener Garoña abierta (con seguridad incontestable).
Mantener la promesa electoral en estas condiciones sería absurdo. Quedarse con la letra (yo prometo), y olvidar el espíritu y los fines de la promesa (potenciar otras energías).
Sería hacer una tontería solo por motivos electoralistas (yo cumplo, pase loque pase).
Por lo mismo ¿que motivo puede haber para que TVE pierda el dinero de la publicidad? ¿No se puede esperar hasta que pase la crisis? ¿Es que ese dinero sobra? ¿No lo necesita el cine, el sector audiovisual?
No están los tiempos para tirar miles de millones... la necesidad de salir de la crisis es la única promesa electoral que se impone cumplir. Como sea.
Manteniendo Garoña. La publicidad en TVE. Y nacionalizando las Cajas de Ahorro en apuros.
Un saludo a todos